miércoles, 19 de julio de 2017

Trabajo de menores y normativa rancia.



"El alto concepto que en general al español merece la mujer y la atención que de manera especial debe ser puesta en evitar que un trabajo nocivo pueda perjudicar su naturaleza" ... a que suena un poco ¿rancio?, ¿casposo?

Pues así comienza la exposición de motivos de una norma legal que hemos tenido que aplicar a un caso esta mañana, pues sigue en vigor, al menos en parte.

Muchas veces les he explicado ya cómo ha de entenderse el carácter científico del Derecho. Cómo la normas del llamado Derecho Natural sí que equivalen a las Leyes de la Física o de la Química y cómo las normas redactadas por los seres humanos son, en realidad, aplicaciones de ingeniería de aquellas.

¿Tiene alguno de ustedes en su fábrica alguna máquina de 1957 funcionando?... si la tuvieran, que es poco probable, tras pasar la revisión de seguridad "del 1215" y adaptarla, aunque haga la misma función, no se parecerá mucho a la máquina original.

Pues el Decreto de 26 de julio de 1957 sobre Industrias y Trabajos prohibidos a mujeres y menores por peligrosos e insalubres que está en vigor y que apenas pasó un ligero "1215" en su momento, ha salido a colación esta semana cuando una persona menor de edad se ha incorporado al trabajo en una de nuestras fábricas.

Y ustedes pensarán: ¿cómo es posible?, ¿un menor de edad trabajando en una empresa química?...  y resulta que, al menos en una pequeña parte es por nuestra culpa, por la "paliza" que les damos a las empresas asociadas para que participen en los programas de formación en régimen de alternancia, la formación dual, que tan buenos resultados produce para la fácil y rápida incorporación de los chicos y chicas al mundo laboral.

En ese marco, tenía que llegar el día que un alumno o alumna de un módulo comenzará sus prácticas en una empresa sin haber cumplido los 18 años y, claro, independientemente de su situación respecto a la empresa (contrato laboral o beca) siempre insistimos en no hacer excepciones en la aplicación de los más estrictos estándares de seguridad y prevención de riesgos laborales. Y la pregunta es obvia: ¿Hay alguna condición previa  que se deba tener en cuenta a la hora de aplicar la normativa de prevención de riesgos laborales a una chica o un chico de 17 años?

También les he comentado por aquí alguna vez lo mucho que me gusta el espíritu original de la Ley 31/1995 de prevención de riesgos laborales: "Usted conoce sus riesgos; evalúelos y ponga medidas para eliminarlos y, si no fuera posible, al menos reducirlos" y cómo la normativa de desarrollo fue estropeando ese espíritu inicial, dando pautas de obligada aplicación general, distorsionando la seguridad "a medida" que preconizaba la ley.

Sucede, por ejemplo, que en aplicación del RD 665/1997, si en un puesto existe riesgo de exposición a agentes cancerígenos 1A ó 1B, hay una serie de medidas higiénicas de obligado cumplimiento.

- "¿Qué?, ¿cómo dice?, ¿que esas medida que vienen en la norma no son adecuadas a las características de su fábrica y que con otras medidas diferentes, especialmente diseñadas para las sustancias que ustedes manejan, pueden obtener mejores resultados?... pues apliquen esas medidas suyas, por supuesto, pero da lo mismo, las previstas en el 665 también, porque son siempre adicionalmente obligatorias."

Pues esto mismo sucede con el trabajo de menores en una fábrica regulador por el Decreto de 1957. Norma que pasó su particular "1215" en la Disposición Derogatoria Única de la Ley 31/1995:

Queda derogado:
b) El Decreto de 26 de julio de 1957, por el que se fijan los trabajos prohibidos a mujeres y menores, en los aspectos de su normativa relativos al trabajo de las mujeres, manteniéndose en vigor las relativas al trabajo de los menores hasta que el Gobierno desarrolle las previsiones contenidas en el apartado 2 del artículo 27.

Porque, sin ese 1215 chapucero, el Decreto era directamente inconstitucional y se ve que el Gobierno no ha reunido tiempo en los últimos ¡22 años! para sustituir esa máquina, vieja y chapuceramente adaptada, e instalar una nueva con el "marcado CE" de la Directiva 94/33/CE, de 22 de junio de 1994, relativa a la protección de los jóvenes en el trabajo.

¿Esto que supone?, pues, por ejemplo, que un chaval de 17 años, que está estudiando un módulo de mantenimiento, a pesar de que mide 1,85 m y es campeón de Euskadi juvenil de traineras, cuando entra a hacer prácticas en una fábrica no podrá levantar pesos y no podrá manejar maquinaria peligrosa, por ejemplo, un taladro.

- Y, ¿qué va hacer?, ¿mirar? - me preguntaba el director de recursos humanos de la fábrica - eso va a ser mucho peor para él, y va a ser muy difícil de controlar.

Pues no quiero fastidiar pero la no observancia de las normas específicas de protección de la seguridad y salud de los menores es una infracción muy grave según dice el artículo 13.2 de la Ley de Infracciones y Sanciones en el Orden Social y puede suponer una sanción entre 40.986 € y 819.780 €.

¿Hay alguna solución?... pues me temo que la única plausible es que el gobierno central haga los deberes y publiqué una norma que, si de mi dependiera, diría únicamente que las evaluaciones de riesgos deberán tener en cuanta  las especiales características de la persona que ocupa cada puesto y que el trabajo se adapta a sus aptitudes físicas y psíquicas. La Inspección de Trabajo estará facultada para comprobar que esa adecuación se realice de forma óptima.

¡Ah!, no... espera... ¡qué eso ya lo dice en el artículo 27 de la Ley de Prevención!


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jueves, 6 de julio de 2017

Los costes de la normativa


La Comisión Europea publicó, hace ahora un año, un informe llamado "Evaluación del Coste Acumulativo" (Cost Cumulative Assessment CCA) según el cual, el coste económico derivado de la implementación de las principales regulaciones que afectan a la Industria Química Europea, se ha duplicado entre 2004 y 2014, hasta alcanzar un valor equivalente al 12% del valor añadido del sector. Y recalco que estos datos no los dice la industria, los publica la Comisión Europea.

En el caso de la Industria Química Española, FEIQUE estima un impacto económico anual de unos 1.000 millones de Euros, siendo de 10.000 millones para el conjunto del sector en Europa.

Este estudio de la Comisión forma parte del proceso de mejora de la regulación (Better Regulation Process) en el que llevan tiempo trabajando las instituciones europeas, orientado a simplificar la normativa de la UE y reducir los costes que ésta ocasiona a sus empresas y, a la postre, establecer un marco regulatorio menos complejo, más estable y más previsible.

Es evidente que el marco regulatorio europeo para los productos químicos, junto con los propios esfuerzos desarrollados por la Industria, juega un papel esencial de palanca de innovación para garantizar la protección de la salud de las personas y del medio ambiente, pero también ha generado una excesiva carga económica y burocrática que impacta negativamente en las empresas implantadas en Europa y reduce su capacidad de competir en mercados exteriores.

Los paquetes legislativos sobre Emisiones Industriales, Productos Químicos (evaluación, registro, clasificación y etiquetado) y Seguridad de los Trabajadores generan casi el 86% del coste regulatorio estimado. Creo que el Director General de FEIQUE, Juan Antonio Labat, explicó correctamente la cuestión en su momento: “el problema no es que exista una regulación en estos ámbitos, que debe existir y que apoya el propio sector, sino que debe elaborarse de modo que no genere un coste económico que reduzca la competitividad de nuestras empresas, algo que no ha ocurrido en la última década. La sucesión de tasas y otras figuras impositivas, así como las cargas administrativas y los costes de operación e inversión que supone la legislación actual y su continua modificación, está afectando negativamente a nuestra capacidad de competir”.

Se debe tener en cuenta que los costes recogidos en el estudio constituyen sólo una parte de los costes totales que se derivan de la regulación a la que está sometida la Industria Química, y por tanto, no corresponden a la totalidad. Los costes imputables a la legislación horizontal de toda la industria y la actividad económica, que lógicamente también afectan al sector, o a la legislación específica nacional, no han sido incluidos en este estudio.

A pesar de que el informe indica que los costes se duplicaron entre 2004 y 2014, no arrojó todavía, en esta primera fase, conclusiones firmes acerca de su impacto sobre la competitividad global del Sector Químico Europeo, más allá de la estimación de su coste. Supuestamente, a este informe seguirá una segunda fase de validación, en el que la Comisión Europea elaborará un benchmarking comparativo de estos costes con respecto a otras regiones del mundo, lo que permitirá realizar una valoración del impacto sobre la competitividad a una escala más amplia.

Estamos aún a la espera de esa segunda parte del trabajo. De todas maneras, aquí puede descargarse el informe en su estado actual: Cumulative Cost Assessment for the EU Chemical Industry - Final Report

La Industria Química Europea, Española o la Vasca no trabajan por capricho. Funcionan porque los productos que salen de sus instalaciones son imprescindibles para nuestra calidad de vida.

Es evidente que, como toda actividad humana en mayor o menos medida, y nadie puede negarlo, la actividad industrial implica afecciones sobre el medio ambiente y genera riesgos. Es responsabilidad de las empresas gestionar ambos aspectos con la máxima diligencia y cuidado y es perfectamente legítima la aspiración de la sociedad, que transmite a sus gobiernos democráticamente elegidos, de que la legislación que regula esas actividades sea exigente, muy exigente si me apuran, si está dispuesta a pagar el precio que ese nivel de exigencia supone.

Porque sucede que las reglas del mercado son muy claras y suponen que el coste de una medida adicional de protección, aplicada sobre todo un sector por igual, elevará los precios pero no afectará a la competitividad de las empresas. Si aplicamos un sobre-coste igual a todos los, por ejemplo, productos para la limpieza de las piscinas, dado que es imprescindible limpiar las piscinas y depurar el agua para poder utilizarlas y no queremos dejar de hacerlo, todos los usuarios pagaremos un poquito más, si la legislación que se aplica a los fabricantes de los productos es más rigurosa.

Hay un par de matices a este respecto. Uno de ellos, en el que incidió Juan Labat en su día en su comentario, es que ni la Industria Química Europea, ni la Vasca se quejan por la rigurosidad de la normativa, ese no es el problema. Nos quejamos del cambio constante, de la improvisación y de la cara de asombro que se nos queda cada vez que leemos una nueva Directiva, un nuevo Reglamento o un Real Decreto.

Nos quejamos de que, después de haber hecho un esfuerzo muy grande para adaptarnos a una norma, dos días antes de entrar en vigor definitivamente, nos cambien las reglas. Y esto es algo que ha sucedido, tal cual. Nos quejamos de que la Ley IPPC estableció 8 años de plazo para renovar las Autorizaciones Ambientales Integradas, y antes de que terminara ese plazo, antes de poder llegar decir con cierto criterio si el sistema funcionaba o no, la Unión Europea ya nos había cambiado las reglas y los 8 años ya no contaban.

Exigencia, sí, por supuesto; nivel de protección muy elevado, sí, claro, por supuesto; pero... con planes a largo plazo y una evolución previsible de dicha exigencia.

Un segundo matiz, del que está muy de moda hablar últimamente, se sitúa en la palabra "mercado". La cuestión es que, en el mundo actual, de mercados globalizados, en el que personas, mercancías e inversiones viajan a tanta velocidad, ese incremento uniforme de costes asociados a normativa que afecta a todos por igual, si deriva de una norma de la Unión Europea, no es uniforme, ni es universal.

Todos los comercializadores de productos químicos de la Unión Europea, por ejemplo, destinados a los procesos de tratamiento superficial de una pieza, como dar el acabado brillante y lucido de la manilla de una puerta, tienen reglas comunes y, ya sea por su fabricación dentro de Europa o por importación, deben asumir unos costes muy elevados de registro y evaluación de los productos químicos utilizados.

Sin embargo, la importación de las manillas de las puertas, ya tratadas y listas para instalar, no tiene que asumir ninguno de esos costes, ni los de registro de los productos químicos utilizados, ni las cargas medioambientales y de seguridad que asumen las fábricas que realizan el tratamiento.

La experiencia nos dice que, para afrontar este problema, fragmentar y cerrar mercados, poner aranceles, no funciona a largo plazo y que la única solución esta en elevar el nivel de exigencia que los competidores globales aplican en su propia legislación. Unificar y armonizar la exigencia técnica de la normativa ambiental, de seguridad, de protección de los consumidores y un largo etcétera.

Y es para eso, precisamente para eso, para lo que se ha firmado el acuerdo CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement) con Canadá y se está (o estaba, ahora con la administración Trump no lo sabemos) negociando el TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership) con los Estados Unidos.

Ni el CETA, ni el TTIP reducen la exigencia, ni van a reducir los costes asociados a la normativa que asume la Industria Química Europea. De hecho, los aspectos asociados al Reglamento REACH y a los costes de registro y evaluación de sustancias químicas se han quedado fuera de los acuerdos porque el nivel de exigencia europeo es mucho más elevado que el que se aplica al otro lado del Atlántico.

Sin embargo, las exigencias del Reglamento CLP, de etiquetado y envasado de productos químicos, han entrado plenamente y, con algún ligero matiz, la idea es que tanto Canadá, como Estados Unidos, apliquen la misma sistemática de identificación que se aplica ya en Europa, a partir del proyecto GHS, patrocinado por Naciones Unidas.

Quedan muchos, muchísimos años, para poder firmar con China, con el Sudeste Asiático, con India, con Latinoamérica o con Oriente Medio acuerdos similares al CETA y el TTIP, que hoy por hoy solamente son posibles en el ámbito del G8 (o G7, mientras Rusia siga suspendida). Básicamente porque el salto normativo que tendrían que dar esos mercados para alcanzar a Europa, Canadá o EEUU es demasiado grande, pero ojalá fuera posible hacerlo y unificar un elevado nivel de protección de la seguridad y el medio ambiente a nivel global, que dé el mismo amparo, los mismos derechos sociales y de protección de su salud que tiene un trabajador de la industria química de Zierbena y los de una trabajadora de la industria textil de Dhaka. La seguridad alimentaria que disfrutan los ciudadanos y ciudadanas de Hamburgo o los de Managua.

"De eso va" el CETA y el TTIP. No de otra cosa. Qu no les engañen.


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jueves, 22 de junio de 2017

Sindicatos fuertes y círculos de complacencia



Sucede que Internet y las redes sociales no han creado fenómenos nuevos de comunicación. Del mismo modo que los viajes en avión no han modificado las leyes de la física.

Las normas, los principios fundamentales de la comunicación se siguen cumpliendo aunque, quizás, la velocidad y capacidad de transmisión tan enorme de las nuevas tecnologías, exacerban y hacen más evidentes fenómenos, que ya existían antes.

Uno de ellos, uno entre muchos, es el fenómeno de los "círculos de complacencia". Desde la antigüedad, se viene hablando de la tendencia humana, preocupante en el caso de reyes o emperadores que tomaban decisiones de gobierno, de rodearse solamente de personas que confirmaran sus propias opiniones, de los que entonces daban en llamarse, “aduladores”, una práctica puesta al día recientemente por el gabinete Trump en pleno. (Personas sensibles a la vergüenza ajena, mejor absténgase de ver el vídeo que enlazo).

Nosotros, los particulares, también solemos caer en este círculo por cuanto que nos cerrarnos a las opiniones que nos contrarían, pues nos desasosiegan y, por naturaleza, tendemos a escuchar a gente que está básicamente de acuerdo con nosotros, entre la familia, entre los amigos y en las redes sociales.

Quizás porque, desde muy pequeños, mis padres siempre favorecieron el debate entre mis hermanos y hermanas, cada uno de nosotros tienen ideas muy diferentes y, en nuestras reuniones familiares o incluso a través del Facebook, siempre hay hueco para una buena conversación de política, de historia, de economía, de literatura, de cine, de cualquier cosa, en la que nunca estamos todos de acuerdo.

En la redes, es aún más fácil cerrar el "círculo de complacencia". En Twitter, por ejemplo, basta con dejar de seguir a todo aquel cuyas opiniones no coincidan con las nuestras y, si insiste en intervenir en nuestros debates, basta con bloquearle. Ya no volverá a incomodarnos exponiendo posturas con las que no estamos de acuerdo y se terminó el problema.

Yo les aconsejo que hagan justo lo contrario. Yo procuro hacerlo y, sinceramente, resulta muy enriquecedor. Y cuanto más inteligente y culta sea la persona con la que discrepamos, más conviene leer lo que escribe o escuchar lo que dice.

Nunca he dejado de seguir a nadie en Twitter por discrepar de sus opiniones y, sin embargo, si he sido bloqueado por algún que otro gurú al que no pareció gustarle que le planteara determinadas preguntas. (Por ejemplo, con el tema del acuerdo de comercio TTIP, llevo ya tres bloqueos...)

Pero en fin, es quizás por todo ello, que sigo con mucho interés el Twitter y el blog de D. Juan Torres López, catedrático de economía aplicada de la Universidad de Sevilla y con el que discrepo con casi cada tuit que publica.

Este miércoles, mientras me refugiaba del calor en un bar cercano al Colegio de Abogados, leí en el móvil este tuit. Es un pregunta que me he hecho algunas veces y para la que tengo mi particular respuesta:
Sáltense los cuatros primeros párrafos y, discúlpenme el consejo, es que parece que, para determinadas posiciones ideológicas, si no se empieza una argumentación aludiendo a una buena conspiración, a un mundo de buenos y malos y culpando al capitalismo de algún genocidio, no se empieza con fuerza.

Pero, a partir del quinto párrafo, comienza a analizar, ya con un punto de vista más científico y doctrinal, la cuestión y, quizás sorprendentemente, resulta que estoy casi del todo de acuerdo, con casi todo lo que dice.

Es más, añadiré algún argumento adicional: unos sindicatos fuertes, constructivos, dialogantes y que piensan en el bien común con visión de largo plazo, no sólo son buenos para la economía, son imprescindibles para su desarrollo sano y equilibrado. Son imprescindibles para el concepto mágico del Desarrollo Sostenible.

Entre otras muchas cosas, además de equilibrar el Desarrollo, vigilan la competencia desleal entre empresas, pues el incumplimiento de la normativa laboral por parte de una empresa, es flagrante competencia desleal, se mire por donde se mire.

Ahora bien, si los sindicatos, para creerse fuertes, caen en la demagogia de la lucha por la lucha, de mostrarse combativos con el único fin de captar afiliados que paguen sus cuotas y sigan sosteniendo económicamente a sus cúpulas. Si caen en la demagogia absurda y ridícula de no querer cerrar acuerdos en ningún caso, simplemente como estrategia de partida. En la estupidez de alegar, sin ningún otro criterio, que, si ofreces 100 es porque, en realidad, puedes dar 200 y si ofreces 200, es porque, en realidad puedes dar 400, entonces, no solo serán un obstáculo para el beneficio empresarial, lo serán para el desarrollo económico y social de todos.

En la negociación del Convenio General de la Industria Química llevamos desde 1978 sentándonos a la mesa con, posiblemente, las dos federaciones más potentes, preparadas y con mayor implantación en las empresas, de los dos sindicatos mayoritarios de este país, de UGT y CCOO.

Es un convenio avanzado, innovador, punta de lanza de muchas reivindicaciones sindicales. Con niveles salariales muy elevados respecto a convenios sectoriales de ámbito nacional similares. En la Industria Química tenemos indices de fijeza en la contratación por encima del 94%, con una media salarial un 66% superior a la media nacional, con un incremento acumulado de salarios del 9,3% desde 2009, en plena crisis económica global, etc. etc. (Radiografía FEIQUE) y, sin embargo, en sus casi 40 años de historia, nunca se ha convocado una huelga general del sector.

¿Es bueno para el Sector Químico contar con los sindicatos más fuertes de este país?... dejando de lado la obsesión conspirativa, el maniqueismo y las historias de buenos y malos, definitivamente, sí. Sin ninguna duda... y si para ello tengo que estar de acuerdo con el señor Torres, pues bienvenido sea... sin que sirva de precedente, claro.


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viernes, 9 de junio de 2017

Shame! (Toxicology and clichés...)



It is very hard to fight against clichés. It is hard because our own perception can't be objective and it is fully oriented to confirm what we have previously learned. Our brain is very stubborn.

With clichés, this brain gear works even better. Along your daily life you may find tons of perfectly honest politicians but, if you ever find a crooked one, your brain makes you say: "All politicians are the same, everyone of them cheats".

Accidents statistics clearly say women drive cars better than men. The dishonest people rates are equal between lawyers, bankers and councilmen of urbanism than between average people but the cliché stored in the hard disk of our brains thinks in the opposite direction.

We have been working with transnational companies for years and, one of the clichés we have been fighting against is that one which says Spaniard are reckless, do not plan and try to fix everything in the last moment by improvisation.

After all this years participating in REACH's framework, we have seen similar level of efficiency among French, German, British and Spanish companies, engineering and consultancies.

We are still convinced but, some days ago, suddenly, our own Public Administration, the Spanish Public Service, stubbornly and surprisingly persisted in confirming the clichés... once again. And we, ashamed, only were able to try to explain to the corporate services of our affiliated companies the situation, trying not to use words as "blunder", "incompetent" or "absurdity", precisely, avoiding confirming the cliché.

We started very early insisting our companies to move forward with the procedures before the National Institute of Toxicology. In January, 2002, we sent this circular  letter explaining that time procedures and advising: "It is foreseeable that, given the resources available to the SIT and the avalanche of registration applications in case this obligation is incorporated, AVEQ recommends that all marketed products be registered as soon as possible"

We have seen all predictions we made have been fulfilled one by one and, 15 year latter, the process was going to culminate last June, 1st, with the coming into force of the compulsory registration of all industrial mixtures classified as dangerous. Thousands, maybe millions, of formulas, with their SDSs and labels, should have been uploaded with the on-line application created ex-profeso for this purpose. We, and all the industry with us, had the premonition that the application was going to colapse at the precise moment.

But the “colapse”, the real “colapse”, the true and genuine Spanish blunder came, two days before the end of the term when…  maybe, better, I’ll let Borja Fernández Almau, our Product Stewardship Manager explain it, pasting one of the email he was forced to write. This one sent to an important Italian chemical company:


Hello Giovanna, let me try to explain the unintelligible legal situation we are suffering here and see the options we have.

Approximately a couple of months ago, the National Institute of Toxicology, Spanish anti-poison centre (INTCF) changed its management; apparently, the new director joined in with the concern of not being able to handle an expected massive number of registrations. Last Tuesday, May 30th, we received from FEIQUE (Spanish Chemical Industry Federation) a draft regulation where a modification of the obligation to register was proposed as follows: whereas for hazardous mixtures for consumer or professional use the same conditions and deadlines prevail, for industrial mixtures there is a delay in the obligation to register up until 2024.

This delay is not automatic for every product, a kind of "pre-registration" is required to adhere to the new deadline; this simplified procedure requires sending the SDS and the label (not composition nor other data). Besides, no fees are to be paid.

So, for your legal entity in Spain there is no choice, as long as the applications were filed, the fees paid and the registration numbers assigned the procedure is already closed, but for your company in Netherlands, we still can choose, there are two options:

- We finish the process: We could upload the fee receipt you sent yesterday, so the mixtures will be fully registered (and the INTCF telephone can be used in your SDS). Main problem is that you are supposed to update the sheets in case of modifications.

- We stop the process of registrations: We are still on time to cancel the applications not uploading the fee receipts. We could ask the fees to be reimbursed and then we would send the SDS and labels through the simplified registration. In this case you save the fees but we will be in a non-compliance situation till the new regulation come into force.  The draft regulation is still under consultation, its approval is expected by the end of this month. In any case, taking under consideration that the Ministry is making a whole mess out of this matter, I am unable to assure the achievement of these deadlines.

Let me know your thoughts,
Borja


As summary: all diligent producers, not have only paid the fees for nothing, they will have to pay fees for every modification they’ll make in their formulas for the next seven years. Whoever has looked the other way, whoever had been negligent, will have seven years more of tranquillity… Once again, due the Spanish clichés serious companies lose, crooked companies win.



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jueves, 25 de mayo de 2017

En Defensa de la Química



No me digan que no resulta triste que la Química, es este caso no la industria, la Ciencia Química necesite defensa.... pues sí, la necesita.

Lo cierto es que, no sé si por tener un enemigo común, en este caso llamado "Ignorancia", en ningún otro sector industrial hay una comunión tan fuerte entre la ciencia, la universidad, los colegios y asociaciones profesionales y la propia industria en defender la ciencia, algo que, de por si, no debería necesitar defensa alguna.

Es que, permítanme, ¿cómo alguien puede ser tan ignorante como para considerar negativo el agua, la sal o el aire?... todo son productos y mezclas químicas: la comida, la sangre... la oxitocina (C43H66N12O12S2), la hormona que permite a una mujer dar pecho a su hijo, es pura química.

Y claro, es en ese punto de la conversación en el que alguien afirma: "no, el problema no es la química, el problema es la química artificial"...  no hace mucho, en un anuncio televisivo, una voz en off anunciaba las bondades de una leche completamente "natural" y "enriquecida con calcio únicamente procedente de la leche"... vale, vamos a suponer que así sea. Obviemos el proceso para extraer el calcio de la leche para preguntarnos: ¿dónde estaba el calcio antes de estar en la leche?, ¿en la vaca? y.... ¿antes de estar en la vaca?... ¿no les parece canalla aprovecharse de la ignorancia de la gente para publicitarse?... es algo que roza un pelín la estafa.

Contra esa acusada tendencia, contra el absurdo intelectual que supone contraponer "natural" o "artificial"... cuando en realidad, lo que se quiere decir es "conocido" frente a "desconocido", la única arma efectiva es expandir el conocimiento.

Para que me entiendan: si decimos que tal alimento utiliza como conservante ácido acético al 5% (C2H4O2), a un químico o a una química, contrariamente a lo que parece ser la percepción social más generalizada, no les sonará como algo artificial o incluso peligroso, serán conscientes de que es solamente otra forma de llamar al vinagre. Cuando todo el mundo sepa que es indiferente si el calcio procede de la leche o de una roca para cumplir su función en nuestro cuerpo, los charlatanes quimifóbicos no podrán engañarnos.

La conclusión es clara: Si nuestro enemigo es la ignorancia, combatámosla expandiendo el conocimiento.

El catedrático de la Escuela de Ingenieros de Bilbao, Ángel Valea, que lleva la química en las venas (y lo digo en el doble sentido con toda la intención), que ha sido presidente de la Asociación de Químicos de Bizkaia durante bastantes años, también tiene esa inquietud y, en fin, ha tenido el detalle de invitarme a aportar mi granito de arena en un curso al respecto que organiza, en el marco de los Cursos de Verano de la UPV-EHU y que ha llamado: "Quimiofobia o Quimiofilia: Productos químicos de uso cotidiano" (aquí pueden consultar el programa completo)

Del 19 al 21 de julio, en el paraninfo de la UPV-EHU en Abandoribarra, el profesor Valea ha reunido un muy variopinto grupo de personas, procedentes de diferentes ámbitos, que solamente coincidimos en considera que defender a la química no es solamente una cuestión de justicia con la realidad, con la evidencia, es también una muestra de agradecimiento a los hombres y mujeres que a lo largo de la historia han estudiado la composición íntima de la materia y han dilucidado cómo aplicar ese conocimiento para mejorar nuestra vida.

La imagen que preside esta entrada es solamente un ejemplo: los avances en la medicina y la farmacia, en la agricultura y la conservación de los alimentos, en el saneamiento, el tratamiento de aguas, en las comunicaciones, en realidad, en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana han contribuido a transformar el mapa de África de forma tan radical.

¿Cómo es posible que alguien rechace eso?

Es una labor enorme, pues enorme es la ignorancia, pero el profesor Valea hace bien en no acobardarse, en no limitarse a lamentar la realidad social, y se ha puesto manos a la obra para cambiarla.

Allí estaremos, ayudando en lo que podamos.... ¿nos echan una mano?


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jueves, 18 de mayo de 2017

Es mejor no saber


En el día a día, cada vez con mayor frecuencia, cuando trato de explicar algo relacionado con la Sostenibilidad de la industria… por ejemplo, explicando con palabras sencillas cómo se elabora una mayonesa industrial, me encuentro con una respuesta que me preocupa mucho y que pone en cuestión todo el sistema democrático: “Es mejor no saber”.

¿Que exagero?... no creo.

Una de las citas de Nelson Mandela más conocidas es aquella que dice: “La educación es el arma más poderosa que podemos usar para cambiar el mundo” a la que yo añado: la educación, el conocimiento... "saber", al fin y al cabo, es la cura para casi todos los males que azotan a la humanidad, cura la intolerancia, el racismo, la xenofobia, previene la violencia y es la base de la ciencia que curará las enfermedades.

El populismo, al igual que los curanderos, adivinos y demás falsarios, nos ofrece certezas, respuestas simples a problemas complejos. La realidad es complicada y nunca, se lo aseguro, nunca es una cuestión de buenos y malos. Nada en este complejo mundo es absolutamente malo y nada es absolutamente bueno.

El populismo miente con descaro. Coquetea con el racismo, cuando no lo abraza abiertamente, y siempre busca a un culpable. Alguien humano, preferiblemente un colectivo lo suficientemente difuso para que podamos odiarlo sin remordimientos, pues no lo identificamos con una persona concreta, con un igual, se trata, simplemente, de “otros”.

Así lo hicieron los nazis con tanta eficiencia. Los nazis decían que los graves problemas que tenía Alemania en los años 30 no eran consecuencia del militarismo desbocado que condujo al país a perder de forma desastrosa la 1ª Guerra Mundial. No. Decían: “No os preocupéis, la culpa no es vuestra, es de los judíos”…. El pueblo alemán, abrumado por la situación, angustiado por el miedo, pensaba, “No. Mi vecino Salomón no tiene la culpa, él es bueno, son otros judíos los culpables…” y ya saben cómo terminó la historia.

El populismo ha ido cambiando de enemigos, según su conveniencia, los judeo-masones, los inmigrantes, los musulmanes, “la casta”, “los yanquis”… las multinacionales…. Pero siempre han tenido rasgos en común: respuestas sencillas a problemas complejos, usar el miedo como palanca y tratar de que el pueblo piense lo menos posible por su propia cuenta, decirle, en una formula muy simple, qué tiene que pensar y nunca, jamás, darle elementos de juicio para poder decidir. El populismo no los necesita, no los quiere porque si el pueblo piensa por su cuenta, desaparece.

Y lo peor de ello es que eso nos gusta. Nos permite seguir pensando que somos dueños de nuestro destino mientras decimos “Es mejor no saber”….

Cuentan que Otto von Bismarck, el “Canciller de Hierro”, el gran estadista alemán artífice de la unificación del país, pero que nunca destacó precisamente por su talante democrático, dijo una vez: “Las leyes son como las salchichas, es mejor no saber cómo se hacen” (Gesetze sind wie Würste, man sollte besser nicht dabei sein, wenn sie gemacht werden – más exacto: “es mejor no estar allí cuando se hacen")…  sustituyan “salchichas” por la “mayonesa industrial” y…. voilá…. "Es mejor no saber".

Y es entonces cuando llegan las elecciones o los referéndum y, como ciudadanos, tenemos que decidir y nos echamos las manos a la cabeza con las decisiones. ¿Cómo es posible que haya ganado el Brexit en Reino Unido?... pero si es evidente que es mucho mejor estar en la UE que fuera.... ¿es que no piensan?.... y la respuesta es no, no pensamos, no queremos pensar porque "Es mejor no saber" y confiar en los mensajes sencillos que los populistas nos ofrecen.

Hace unos meses leía un artículo sobre el TTIP (Transatlantic Trade Investment Partnership) de un politólogo al que leo a menudo que se llama Roger Senserrich, que vive a caballo entre la realidad de los Estados Unidos, donde reside, y la de España. Me gustan mucho sus análisis y sus diagnósticos, con los que generalmente coincido. El TTIP pretende unificar los requisitos de comercialización de productos y servicios entre Estados Unidos y la Unión Europea. Para explicarlo de forma sencilla: si los requisitos de las tapas de alcantarilla son los mismos en Europa y en Estados Unidos, un pequeño fabricante de tapas de alcantarilla no tendrá que hacer series diferentes y moldes distintos para tiradas más cortas, podrá hacerlas todas iguales y competir a ambos lados del Atlántico, mejorando la calidad, reduciendo precios y favoreciendo que a los ciudadanos nos cueste menos dinero tener una calle bien urbanizada con buenas tapas de alcantarilla, menos propensas a romperse y producir accidentes.

Senserrich teorizaba en el artículo sobre el quijotismo de la izquierda española (europea en realidad) empeñada en combatir algo que a nadie importa, mientras que la derecha, limitándose a recitar los problemas de los ciudadanos sin dar una sola solución, gana elección tras elección... pero, desde mi modestia, creo que se confunde en una aspecto. El visceral e injustificado ataque al TTIP no es quijotismo, es parte de una táctica mucho más amplia, entiendo que improvisada pues no responde a un plan preconcebido, que busca aspectos complejos de la realidad para declararlos "malos" y combatirlos, obtener pequeñas victorias con las que tratar de convencer al ciudadano, que prefiere "no saber", de que están defendiendo sus intereses.

Antes del TTIP fue el fracking, antes los transgénicos, la energía nuclear o una reforma de la contratación laboral bien planificada... da los mismo. Los argumentos contra el TTIP no se sostienen. No resisten el menor análisis, pero utilizan las palabras clave, aquellas que dan miedo y que nos impiden pensar: cáncer, peligro en la alimentación de nuestros hijos, secreto, conspiraciones y, por supuesto, un enemigo: las multinacionales... y como pensamos, "es mejor no saber", nos creemos que la legislación europea sobre aditivos alimentarios, por ejemplo, puede reformarse sin que nos enteremos, algo que no tiene ni pies, ni cabeza.

La fabricación de una mayonesa industrial comienza en Brasil o Argentina donde se cultiva la soja. Se recolecta, se carga en grandes barcos que viajan hasta el abra exterior del puerto de Bilbao, donde descargan las semillas en una fábrica ubicada al borde del mismo muelle.

Si presionamos una aceituna lo suficiente, produciremos aceite (el llamado virgen extra), sin embargo una semilla de soja, que contiene un 20% de un aceite vegetal de buena calidad, de sabor más neutro que el de oliva, mucho más barato y con un magnifico equilibrio nutricional de ácidos grasos, por mucho que la apretemos, no rezumará más que un mínimo porcentaje de ese aceite.

En esta fábrica, muelen y laminan las semillas y se mezclan con un disolvente orgánico, el hexano de grado alimentario, uno de los productos estrella de las refinerías de petróleo. Vigilado hasta el extremo en su pureza y calidad.

El disolvente arrastra el aceite y deposita las partes sólidas de las semillas, mayormente proteínas vegetales de gran calidad que se utilizan en la fabricación de piensos. La mezcla de aceite y hexano es sometida a un proceso de stripping y refino, que elimina el hexano del aceite, que, una vez analizado en laboratorio, queda listo para consumo humano.

Uno de los destinos de ese aceite es otra fábrica, al otro lado de la ría, en la que se utiliza, entre otras muchas cosas para elaborar mayonesa, o ketchup, o margarina... de marcas muy conocidas. Un producto de gran calidad, probadamente seguro y que todos hemos consumido y saboreado.

A lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI, la incidencia de toxinfecciones alimentarias y las muertes de ellas derivadas, por ejemplo, de la salmonelosis, ha descendido dramáticamente.

La industria, haciendo bien su trabajo, ha conseguido que un producto tan seguro y de tanta calidad tenga un precio accesible para prácticamente todas las capas sociales, no permitiendo, como sucedía en otros tiempos, que la enfermedad tenga mayores incidencias según la capacidad adquisitiva de los individuos.

"Es mejor no saber"...  pues, ¿qué quieren que les diga?, yo prefiero saber. Saber cómo se elabora un producto que consumo. Ser consciente de que no es un producto "artesanal", fabricado ilegalmente en el garaje de un domicilio particular, con instrumentos de dudosa higiene y utilizando huevos que se han pasado días sin refrigeración... yo prefiero saber y, como adulto, valorar y decidir.

Prefiero saber que la industria y las autoridades hacen bien su trabajo y que sí, que hubo un tiempo en el que toda la comida era ecológica, no había vacunas, ni productos químicos. Se llamaba edad de piedra y 9 de cada 10 niños no llegaban a ser adultos.

En la era de Internet ya no hay excusa. Comprueben siempre lo que les cuentan. Enseñen a sus hijos a investigar, pensar, valorar y tomar sus propias decisiones. Ser libres para decidir es la base de la democracia y, el conocimiento, es la base sobre la que podemos y debemos decidir.

Siempre es mejor saber.

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martes, 9 de mayo de 2017

¿Quieren saber cómo será el nuevo IKS? (realismo en la e-Administración)



El 17 de noviembre de 1999, la filial puntocom del grupo Telefónica, denominada Terra Networks, S.A. salió a bolsa en España y Estados Unidos.

 Aquel mismo día, la cotización cerró a más de 37 euros. En pocas horas, se produjo un avance del 184,61%. Era la primera empresa española de Internet que salía a la Bolsa y dada la locura que se desató en el tramo minorista, fue necesario hacer un sorteo para establecer los inversores que tenían derecho a comprar un máximo de 25 acciones.

El día de San Valentín del año siguiente, se alcanza el máximo histórico de Terra en el parqué madrileño. La cotización llega a alcanzar los 157,60 € por acción. En aquel momento, una empresa que era poco más que unos cuantos ordenadores, unas oficinas alquiladas y un portal dé Internet, visto con ojos de hoy de diseño más bien anodino, superaba en valor bursátil al grupo Repsol... algo parecía no estar bien.

En Abril de 2000, la burbuja puntocom pincha en Estados Unidos, y los títulos de Terra se desploman. En septiembre de 2001, el valor de Terra había perdido 248 millones de euros... y continuó arrastrándose por el parqué hasta que, en febrero de 2004, con el precio entorno a los 5 €, Teléfonica absorbió a su filial.

¿Qué había sucedido?... Dicen los que saben que un mercado de extrema liquidez como la bolsa, en muchas ocasiones, las expectativas, fundadas o infundadas, pesan más que la realidad y los hechos. 

Ante la amenaza de quedarse fuera del negocio que las empresas puntocom prometían, el mercado enloqueció y, deslumbrado por la brillantez del nuevo medio de comunicación, no fue capaz de ver qué tras ese medio, apenas había nada. No fueron capaces de entender que la tecnología, el uso de Internet, tiene que tener un fin y no se justifica a sí mismo, que la mera transmisión de información no daba para tanto negocio.

Esa pauta es aplicable a la gestión empresarial, a la industria, a la educación.... a cualquier ámbito, incluida la Administración Pública.

No sé si me llamarán exagerado por esto pero, en mi modesta opinión, la Administración Pública española está inmersa en su propia burbuja puntocom.

La Ley 39/2015 de procedimiento administrativo, no incluye grandes novedades en el mismo, salvo la brusca interrupción de la obligatoriedad de que todos los procedimientos se efectúen por vía electrónica, para determinados colectivos, y la obligación de la Administración de disponer los medios necesarios para que así puedan realizarse.

Desde el 3 de octubre de 2018 todas las Administraciones Públicas tendrán que tener disponibles todos sus procedimientos on-line... todas y todos, repito, desde el Ministerio de Hacienda hasta el ayuntamiento de Orexa.

En estos momentos, no conozco un sólo procedimiento administrativo, de ninguna Administración Pública que se pueda decir, con todas las garantías, que está listo al 100%, tan a prueba de fallos como pueda estarlo el servicio de Amazon, por ejemplo.

Hace unos meses acudí a un curso sobre los certificados digitales y la factura electrónica. Según me vio entrar el ponente, con mi Macbook bajo el brazo, me dijo desde el fondo de la sala: "Con eso ni te molestes, ni lo intentamos"

Ya les he contado cómo está el tema de la nueva documentación de traslado de residuos, que debería estar funcionando desde finales del año pasado por su regulación específica que así lo determina. En el Ministerio de Medio Ambiente, "porque ellos los valen", anunciaron en su día que las nuevas versiones de los documentos electrónicos estarán listas para el próximo 1 de junio... dentro de 3 semanas... ¿se atreven a apostar?.... y les prometo que me gustaría perder.

El pasado jueves, 4 de mayo, se publicó en el BOE la edición 2017 del Acuerdo Internacional para el Transporte de Mercancías Peligrosas por Carretera (ADR). 998 páginas de denso texto técnico y regulatorio.

El Ministerio de Fomento, al parecer, va a renunciar a publicar el texto en libro de papel y, al parecer también, ha dicho que quien quiera libro escrito es que imprima el BOE.

Yo hace mucho años que lo manejo únicamente en PDF, lo que permite de forma muy eficiente buscar, copia, pegar para citarlo... pues bien, cuál es mi sorpresa que, al bajarme el PDF de esta nueva edición, descubro que lo han publicado, sí, en PDF, efectivamente, pero, en lugar de hacerlo como texto, han publicado 998 imágenes, una por cada página, inhabilitando la posibilidad de buscar en el documento.

La e-Administración es un salto importante y es posible, que no por maldad sino únicamente por falta de una planificación adecuada, los ciudadanos y las empresas nos dejemos derechos por el camino.

Esa es la duda a la que pretendemos responder en la jornada del próximo viernes, 12, a partir de las 09:30 h, en el Colegio de Abogados de Bizkaia... ¿Quieren saber cómo será el futuro "IKS"?, ¿creen que su ayuntamiento estará listo para la tramitación electrónica de las licencias de obras en el momento adecuado?... la entrada es libre pero hay que inscribirse. Allí les esperamos.

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